30 oct 2010

Acúfeno




“Acúfeno es un término médico que significa la percepción de un sonido en uno o en ambos oídos cuando no existe un sonido externo que provoque dicha percepción. En otras palabras, la persona afectada por acúfenos percibe un sonido aún en situaciones de absoluto silencio ambiental.
Este sonido siempre es subjetivo, es decir, lo oye el afectado pero no lo oyen las personas que lo rodean, ya que se trata de un sonido que «no existe» y solo «existe» en la percepción errónea del afectado”.


Silencio. Una adivinanza de niños dice -bueno, todas las adivinanzas son de niños- que el silencio es una cosa que si se nombra se rompe . Una cosa que si se nombra se rompe. Quebrar el silencio. Rasgar el silencio. Quedémonos con esta idea: el silencio se puede romper.
El silencio es poderoso, inmenso, evocador, pero tremendamente frágil. Sólo con chasquear los dedos se rompe en mil pedazos y queda hecho añicos, desparramado en la memoria. Esa contundencia que es capaz de llenar desiertos arenosos, catedrales góticas, mares atlánticos, se muestra incapaz de vencer al vuelo de una simple mosca. Es como aquel superhéroe de pacotilla que se volvía invisible cuando nadie le miraba. El silencio es altivo, soberbio, te mira por encima del hombro y no hará su aparición si hay un leve ruido que le quite el protagonismo. Es muy huidizo, cuando lo necesitas no está, lo tienes que buscar, y a veces tienes que irte muy lejos para encontrarlo. Es, en definitiva, un cobarde que prefiere batirse en retirada y largarse a su escondrijo antes que luchar por su posición, por su marca, por su terreno conquistado, antes que defender junto a sus aliados esa franja ganada al mundanal ruido.
Confieso que era su seguidor, que me convenció con bellas promesas, que tonteábamos con encuentros furtivos. Pero me traicionó, me abandonó como se abandona a un amante despechado, y no lo he vuelto a oír mas que en sueños.
Le echo de menos.




Vuelve a leer el párrafo del silencio dándole al play. Si puedes, ponte unos auriculares.
Pon el volumen más o menos hacia la mitad.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Hace muchos años (yo ya soy mayor) había un programa para niños en la tele que me encantaba. Curiosamente lo presentó un tal Javier Sardá y los premios eran gallifantes. EL programa tenía varias secciones, en una de ellas los niños tenían que describir con su palabras determinados conceptos. Recuerdo un día que la pregunta era cómo describir "encender la luz" y un niño respondió: "partir la oscuridad". Algo así sucede con el silencio, esos malditos ruidos te lo han partido, lo han doblegado... y si encima (y lo comparto) es tan cobarde que huye despavorido ante cualquier insinuación...Lo que no sé es si será para siempre. ¿Al final quien vence...?