"Es un problema con el control muscular o una incapacidad para coordinar los movimientos de una manera fina, lo cual ocasiona un movimiento espasmódico, inestable y de vaivén. Los movimientos elegantes y suaves son el resultado de un fino equilibrio entre los grupos opuestos de músculos. Este equilibrio es coordinado por un segmento del cerebro denominado cerebelo. Las enfermedades que lesionan el cerebelo, la médula espinal y los nervios periféricos pueden interferir con el movimiento muscular normal y ocasionar movimiento muscular descoordinado, espasmódico y tosco, llamado ataxia".
La música tiene una parte física. Esa melodía que se propaga en el aire, etérea, evocadora, sinuosa, es también músculo, sangre y hueso. La danza extiende sus tendones y su piel en un diálogo con la música. La danza sin música es gimnasia. El bailarín explica con el cuerpo lo que oyen sus oídos. La torsión, el sentido, el gesto, son precisos, certeros en la voluntad. La coreografía traduce notas al idioma visceral. Escribe un guión del movimiento. En el escenario hay un charco de sudor después de la actuación. El sudor es la condensación de la música. El músico necesita de sus dedos y de sus labios para tocar y saborear el sonido. La música que imagina su mente la hacen realidad su pulso y su pulsión.
La música es un estímulo que hace reaccionar al cuerpo. Sin embargo, la ataxia consigue que el ritmo sea arrítmico, que el compás esté desacompasado, que exista un decalaje entre la neurona que piensa y el músculo que ejecuta. La ataxia es imprecisa y azarosa, aproximada y torpe. La ataxia consigue que el pie que debería agitarse automático al son de la música permanezca indiferente.